Felicidad
La felicidad se hizo sola, creció de un pequeño detalle y luego empezó a tornarse grande... ella sola se abrazó en recuerdos y momentos deseados para voler al calor que le daba el sol...
La felicidad intentó retener antiguas promesas pero no fue posible, pues el espacio estaba ocupado ahora por nuevos momentos completos de perfección y alegría. Por simples sonrisas y aromas cálidos de luz tenue y sonidos mágicos de violín.
El tiempo de la felicidad se hizo eterno, y se inmortalizó en la punta del cielo... donde cae el sol al terminar la tarde, donde huele a hojas secas y caminos recorridos. Donde ya no cabía más sinceridad, la feliidad se posó para esparcir por todo el aire un sentimiento de perfección, un recuerdo de ensueño.
Y aunque nunca fue concreta, siempre fue completa... aunque nunca fue evidente, siempre se hizo tangible... y aunque nunca fue contundente, siempre fue un golpe seco de alegría en el centro del corazón y roja como la sangre de unos labios recién mordidos por pura pasión.

